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Publicado el 4 Ene, 2016 el Mi viaje, Viajes | 0 comentarios

Ushuaia.

Ushuaia.

Claro que se puede ir en avión a Ushuaia, pero en avión no ves la estepa patagónica, ni pasas por Chile para llegar otra vez a Argentina, ni tampoco navegas por el estrecho de Magallanes. Hay que ir al fin del mundo, pero hay que ir bien.

Yo no sé poner en palabras como es Ushuaia. Aún cuando recuerdo lo visto y vivido allí, me sorprendo con la boca abierta.

Un mar frío y de color plomizo salpicado de islas y rodeado de montañas, un pueblo con una historia muy reciente pero muy intensa y un lugar a veces maravilloso y otras absolutamente inhóspito.

Soñé muchas veces con navegar esas aguas cuando era adolescente, sueño que fue cayendo en el olvido al hacerme mayor porque la cabeza tiene que vaciarse de sueños para llenarse de cosas “más importantes”, mi hermano lo llamaría madurar. ¿Y si yo no quiero madurar?

Hacía poco viento, se izó la génova, el mar tranquilo y ante nosotros el canal de Beagle. Recorrimos navegando parte del canal acercándonos a pequeñas islas donde poder ver muy de cercas cormoranes y lobos marinos. Llegamos a una más grande, la isla H, donde en un embarcadero improvisado con cuerdas, cadenas y neumáticos viejos en la misma pared de roca, atracamos el velero. Sin prisas, notando el gélido aire en la cara, recorrimos esta isla viendo y aprendiendo mucho sobre su fauna y flora. Las Tres Marías es la empresa familiar con la que decidimos salir a navegar y fue todo un acierto por el trato recibido, tanto en esa oficina llena de arte y de compás, en el fin del mundo también se ama al flamenco, como en la embarcación y paseo por la isla H.

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Volvíamos a puerto, viento en contra, el sol caía poco a poco y yo me sentía en una burbuja. Sólo el que ha navegado alguna vez conoce de esa sensación de volver a puerto después de un día de mar. Al fondo Ushuaia, detrás las montañas aún nevadas, esto es el fin del mundo y yo estoy aquí.

¿Y cómo se puede terminar un día así? Centollada y Rissotto di Mare con buen vino.

Mañana será otro día.

Sigo…

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