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Última mirada a Marruecos.

por Sr. Pirulo

Una chica del hotel nos contó que el día anterior había ido a Akchour. Contaba cosas bonitas pasar un día en plena naturaleza. Nuestra guía de viajes mostraba una impresionante foto de unas cascadas en ese lugar. Así que estaba decidido, nos íbamos a Akchour.

En Marruecos cada taxi tiene un destino y un lugar desde el que salir. No puedes ver un taxi y pedirle que te lleve a un destino y listo. No, allí eso no funciona así.

La cosa funciona de la siguiente manera. Primero tienes que encontrar el lugar desde el que salen los taxis que van a tu destino. Una vez allí, hay que esperar a que se forme un grupo de personas para completar las plazas del mismo. A no ser que quieras asumir tú solito todo el coste del trayecto. Siempre es mejor compartir y divertirse con la gente que te toque.

Yo creía que íbamos a un lugar salvaje y natural, y cuando llegamos allí me quedé de piedra. Aquello era la marabunta. Coches por todas partes, miles de personas, calor axfisiante, un caos divertidísimo.

Llegamos a una pequeña presa y comenzamos a remontar un brazo del río que la alimentaba. Por si vais alguna vez, tenéis que ir hacia la izquierda para ver las cascadas, y no hacia la derecha como hicimos nosotros. 😉

Por todas partes había gente bañándose. Hombres y niños en bañador disfrutando del aguas y mujeres tapadas de pies a cabeza sentadas en las orillas. Ellos disfrutan, ellas miran.

Escogimos un remanso del río para refrescarnos. Irene se quedó en bikini y yo en bañador. Cuando levanté la vista estábamos solos. Mujeres y hombres habían desaparecido. El bikini se había convertido en una bomba de destrucción masiva de la que los marroquíes salían huyendo.

Ella lo tenía super claro, cristalino. Su libertad estaba por encima de todo, una mente sucia no iba a poder con sus ganas de nadar.

Sobre este tema me surgieron varias reflexiones y entre ellas estaban la intrusión en un lugar donde las costumbres no eran las nuestras, la posibilidad de estar ofendiendo con nuestro comportamiento, la negación de la mujer como persona libre, la opresión femenina, el derecho de la mujer a vestir como quiera y de exigir su lugar en el mundo…

¿Tú que opinas?

Continuamos caminando para subir a lo más alto de una senda que llegaba a un puente que atravesaba un desfiladero. El paisaje era precioso y el caminar nos dio para relfexionar sobre la experiencia vivida. En las laderas de las montañas más altas se distinguían plantaciones de marihuana regadas por aspersores.

En el camino de vuelta paramos a tomar un refresco en uno de los chiringuitos a pie de río. Cuando digo a pie de río es que literalmente teníamos los pies metidos en el agua. En ellos se puede comer y beber un refresco o un té.

Tocaba volver a Chauen, así que fuimos a buscar un taxi para compartir. Hicimos un grupo con una madre y su hija que venían de Australia y un joven japonés. Sufrimos un atasco de dos horas bajo un sol de justicia, pero al mal tiempo, buena cara.

¡Disfrutad el video!

Esa fue nuestra última noche en Marruecos. Al día siguiente nuestro destino sería Tanger para cruzar a España. La semana había sido intensa. En las alforjas de la moto se quedaba pendiente una visita al desierto.

Esa noche paladeamos Chauen tranquilamente. Cenamos y tomamos té en la plaza principal viendo la vida correr.

Una niña llena de churretes me invitó a un té y pastas mientras hacíamos cola para embarcar en el Ferry. No hubo palabras, la niña me miró y yo la miré, el padre asintió y yo con un gesto agradecí aquella reconfortante bebida caliente.

Cuando regresó Irene, que había ido a buscar un imán de Marruecos para nuestra nevera, la madre de la niña también le ofreció un té desde el interior de un coche.

Así fue como Marruecos se quiso despedir de nosotros. Con un simple gesto.

Nosotros, por muestra parte, habíamos vuelto a disfrutar, a vivir y a sufrir un viaje juntos. Habíamos dado un paso más hacia el amor eterno.

Sólo cuando abres tu corazón y tu alma a otra persona eres capaz de comprender y de comprenderte.

Sigo…

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