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Slupsk, Gdansk y Bydgoszcz

por Sr. Pirulo

Llueve y hace frio. Slupsk parece una ciudad fantasma. En el primer hotel que vemos nos paramos y preguntamos por una habitación, completo. Nos adentramos en la ciudad, nos salimos y volvemos a entrar, no vemos ningún hotel, ni decente ni indecente. Y entonces apareció el Hotel Piast con su restaurante Franciszkanska, a muy buen precio, aunque hubieramos pagado el doble, y en una ubicación inmejorable.

Solo pasaríamos unas horas en Slupsk, así que tras soltar las maletas salimos a caminar por la ciudad.

Practicamente todo cierra a las 18:00 horas en esta parte del mundo, así que nos conformamos con caminar por las partes más repesentativas de Slupsk.

Slupsk   IMG_8552

Cuando el mal tiempo venció a nuestro ánimo y tras recorrer la ribera del rio Slupia y los monumentos más significativos del lugar, decidimos que ya era hora de calentar el cuerpo y darnos un merecido homenaje. Así que sin más, pusimos rumbo al restaurante del hotel.

Sopa típica de la zona, pato a la manzana, ternera a la brasa y todo ello regado con una una buena botella de vino español. Cuando nos ibamos para dormir, lo que parecia un restaurante se tranformó en una sala de baile con DJ incluido. Empezaron a llegar gente de mediana edad a darlo todo al ritmo de la musica, casi se nos complica la noche y nos hacemos los reyes de a pista de baile, pero la razón pudo con el corazón, a dormir que mañana nos espera Gdansk.

Aún no sabría decir si donde aparcamos el coche, en el mismo centro de Gdansk, estaba permitido o no. Lo cierto es que lo dejamos a escasos metros de la arteria principal del casco histórico.

Tras hacernos con un mapa en la oficina de turismo comenzamos, bajo la lluvia y el frio, a recorrer la ciudad. Si tengo que guardar un recurdo en mi retina de este lugar, no va a ser el museo o la infinidad de tiendas de ambar, ni la torre de la prisión, o el pasear por la ribera del rio Montlawa, auténtico escenario de una película de piratas, sino la iglesia de Santa María y las vistas de la ciudad desde lo más alto de su torre.

Vistas de Gdansk    Interior de la torre.

Esa noche la pasariamos en un lugar llamado Bydgoszcz (impronunciable para nosotros). Escogimos un B&B con vistas a rio Brda y muy bien situado.

Dedicamos la mañana a recorrer la ciudad, dejandonos un poco llevar, sin pretensiones de hacer turismo a full, buscando más el vivir que el de archivar recuerdos, y así, paseando sin prisas descubrimos una catedral que nos impresionó mucho por su decoración interior, toda pintada de lilas, morados, granates y dorados.

Hombre cruzando el río, obra de Jerzy Kędziora   Catedral Bydgoszcz

Polonia nos ha sorprendido más en lo natural que en lo urbano, la fuerza del Báltico, la frondosidad de sus bosques y el verde de sus campos superan con creces a cualquier obra humana. Su gastronomia es potente, quizas demasiado potente para estomagos habituados a una dieta más mediterranea. Y sus gentes, fuera de los circuitos internacionales y de contadas ocasiones, son como el tiempo, frio e impredecibles. ¿Volver a Polonia? Siempre, y antes de que lo descubran los grande tour operadores.

Sigo…

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