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San Pedro de Atacama.

por Sr. Pirulo

Un pequeño aeropuerto a más de 2400 metros de altitud y un calor asfixiante fueron nuestro comité de bienvenida a Calama. Queríamos llegar a San Pedro de Atacama, pero no teníamos ni idea de cómo.

A la salida del aeropuerto te acosan taxis privados y transfers organizados para ir a San Pedro, pero estos medios son muy caros para nosotros. Así que a preguntar.

Cogimos un taxi cuyo conductor debería rondar los 140 años y que conducía a 20 kilometros por hora. Este nos dejó en una especie de terminal de autobuses donde nos dijeron que «el camión» hacia nuestro destino pasaría por la calle. Bajo la flama que caía del cielo estuvimos esperando un buen rato, sin saber a qué hora pasaría el bus con destino a San Pedro.

Después de una hora y media en aquel decrépito autobús, o tartana, o lo que fuera aquello, llegamos a un inhóspito pueblucho en medio de ninguna parte.

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Ahora tocaba encontrar el hostal con el que habíamos intercambiado un par de e-mails, sin haber podido concretar nada por falta de conexión a Internet y, como siempre, por ir improvisando el viaje. ¡Esto nos lo tenemos que mirar!

No sabíamos si tendríamos reserva o tendríamos que ponernos a caminar, bajo aquel sol de justicia, en busca de un lugar donde pasar la noche. Por suerte, una vez más, y aunque la reserva no estaba hecha, tenían una habitación libre que, tras negociar el precio, decidimos quedarnos.

Eran las 18 horas y después de acomodarnos un poco, salimos a buscar donde comer. Fue entonces cuando San Pedro de Atacama nos mostró sus encantos. 

Nunca hay que fiarse de las primeras impresiones, pero eso os lo contaré en otro post.

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