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Publicado el 19 Jul, 2016 el Mis Cuentos | 2 comentarios

Paquito el Gigante.

Paquito el Gigante.

Ya nadie creía en gigantes, ni tan siquiera los niños. Ya no se sabía ni si alguna vez existieron realmente, cuando de ellos nadie se hubiera atrevido a dudar hace algunos años.

Es por eso que cuando Luisito Montuno, al que llamaban así porque andaba todo el día monte arriba y monte abajo, llegó a su aldea gritando: un gigante, un gigante; nadie le creyó y no lo hicieron porque ya nadie creía en gigantes.

Hace solo unos años todos hubieran corrido a sus casas a esconderse del gigante, por si le daba por aparecer por la aldea y comerse de un bocado al alcalde y al cura de la parroquia de los Dolores. Pero aquel día nadie salio corriendo a excepción de Mr. James que como buen guiri turista, fue a por su cámara digital para inmortalizar el momento. Por lo demás, por mucho que gritara Luisito Montuno aquello de “un gigante, un gigante”, nadie se inmuto, como si ni siquiera lo oyeran. Así que cuando Luisito Montuno se cansó de gritar y gritar aquello de “un gigante, un gigante”, hasta a él mismo, viendo que nadie le hacía caso ni se asustaban, le pareció que el gigante que vio, porque eso sí, os puedo asegurar que lo vio, le pareció producto de sus fantasías de niño.

Al día siguiente, Luisito Montuno, que siempre estaba monte arriba y monte abajo, volvió a subir al monte para después tenerlo que bajar. Y subía y subía pensando en sus cosas cuando escuchó un ruido como de ronquidos pero más fuerte.

Se fue acercando sigilosamente muy, muy despacio, hacia el lugar de donde provenían los ruidos, esos que parecían ronquidos, y cuando llegó, no es que parecieran ronquidos, ¡eran ronquidos!

Los ronquidos del gigante que vio el día anterior y que como nadie le hizo caso, se había olvidado que lo vio.

Luisito Montuno se quedó como de piedra, sin moverse absolutamente nada, no se atrevía ni a respirar para no despertar al gigante. Y así, quieto como una estatua, se quedó Luisito Montuno al lado del gigante durante tres largas y quietas horas.

Hasta que como era de esperar, el gigante se despertó dando un gran bostezo. Se frotó los ojos, se estiró todo lo grande que era, estornudó tres veces y fue entonces cuando se dio cuenta de que allí al lado suya había alguien. Paquito el gigante, que así se llamaba el gigante, se giró muy, muy despacio para mirar quien era el que estaba a su lado quieto como una estatua. Y así, los dos, mirándose el uno al otro se tiraron un buen rato hasta que Luisito Montuno, que era muy valiente aunque no lo pareciera, le dijo al gigante, hola, soy Luisito Montuno.

-A lo que el gigante respondió, hola, soy Paquito el gigante.

-¿Me vas a comer?-preguntó un poco asustado Luisito Montuno.

-¿Comerte? ¿Por qué iba yo a comerte?-dijo el gigante.

-Pues no sé, pero todo el mundo dice que los gigantes os coméis a las personas humanas.

-Ja, ja, ja, ja.- rió el gigante. Jamás un gigante se ha comido a una persona. Jamás de los jamases. Los gigantes solo comemos vacas, vacas y nueces. Ja, ja, ja. Nos encantan las nueces.

-Entonces ¿por qué la gente dice que los gigantes coméis personas y os tienen tanto miedo? Preguntó Luisito.

-Pues muy fácil. Porque hace muchos, muchos años, cuando había muchos gigantes y pocas personas, no como ahora que hay muchas personas y pocos gigantes, un gigante se estaba limpiando los dientes con el cordón de una bota abandonada que se había encontrado como si fuera hilo dental. Y con tan mala suerte que lo vio un aldeano y pensó que se había comido a un hombre hasta los zapatos.

-Entonces los gigantes no….-insistía Luisito Montuno.

-No.

-¿Nada?

-Nada de nada. Sentenció Paquito el gigante.

-Bueno, y que hacemos ahora. Quería saber Luisito que ya no tenía miedo ninguno.

-Pues yo voy a ir al mar a darme un baño. Dijo el gigante.

-Uyyyyy, pero si el mar está lejísimos, no llegarías ni en dos meses.

-Se te olvida Luisito que soy un gigante y cada zancada mía son diez kilómetros. Si salimos ahora estaremos de vuelta para cenar.

Y así fue como Luisito Montuno y Paquito el gigante se hicieron amigos y fueron juntos al mar teniendo mucho cuidado de no ser vistos porque sabía Paquito de la mala fama que tenían los gigantes a pesar de que ya nadie creyera en ellos.

Y colorín…..

2 Comentarios

  1. Este cuento me gusta aunque el final me hubiera gustado que fuera mas aparatoso , como por ejemplo que el gigante bajara al pueblo y conociera a los vecinos.Aunque lo que mas me ha sorprendido es que después de haberte conocido te imagino contándolo.

    • Hola Cristina. Estoy pensando en publicar mis cuentos y hacer contadas por bibliotecas, porque los cuentos son para ser contados.
      Me gustó mucho tenerte en el curso.

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