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Publicado el 9 Jul, 2015 el Viajes | 0 comentarios

Marvão

Marvão

Sacar las alforjas del armario, llenarlas con cuatros cosas, ponérselas a la moto y partir en busca de los desconocido es una sensación tan hermosa que quizás por eso nunca dejaré de ser motero. Quería ver Portugal desde “El Nido de las Águilas” y asomarme desde el Castelo de Marvão a 800 metros de altura, pero como siempre no sabía muy bien como llegar, ni si me daría tiempo, ni a cuantos kilómetros estaba realmente desde Jerez. Y la carretera empezó a subir, y el paisaje empezó a cambiar, y sentí frio sobre la moto mientras el sol decidía que ya estaba bien por hoy, y entonces apareció Marvão, amurallado, silencioso, guardando mil historias y presidido, en lo más alto, por un hermoso castillo. Lo más probable es que nunca vuelva a Marvão porque existen otros muchos lugares por descubrir, pero nunca olvidaré la experiencia de estos tres días. Sentir el aire en mi cuerpo, sentir como mis ojos se asombranban mirando más allá del horizonte desde lo más alto del Castelo de Marvão, las leyendas que resuenan en las piedras de la localidad amurallada y la sensación de estar vivo al asomarme al alba por la ventana de mi habitación y ver despertar Portugal.   Sigo…

Calles.

Calles.

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