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Marruecos

por Sr. Pirulo

Llegué a Marrakech tarde, no recuerdo la hora, pero era ya de noche. Había quedado con Raquel, propietaria de la empresa http://www.mentamoroccotravel.com. Nunca nos habíamos visto pero llevábamos más de 4 años hablando de vez en cuando por teléfono. Todo empezó con un viaje en moto por Marruecos en el que estando yo en Meknes la contacté porque quería llegar hasta el desierto. En aquella ocasión, por tiempo y distancia, no puedo ser. El Sahara quedó en mi lista de pendientes desde entonces.

Desde aquel día, Raquel y yo siempre hablamos de organizar algo juntos, teníamos química y eso molaba mucho. Su empresa fue a más y El Mundo de Pirulo220 también. Así que un día se unieron los astros y decidimos conocernos y a ver que salía de todo esto.

Salí del aeropuerto y allí no había nadie. Ufffff empiezan los líos. Decidí esperar un rato y nada. «Eso me pasa por confiar en la gente», me repetí en varias ocasiones. Como no me dejaban volver a entrar en la terminal me fui a la puerta a ver si podía coger el wifi del aeropuerto y enviarle un whatsapp a Raquel. Bien!! Red cogida, mensaje enviado y mi ahora ya amiga estaba justo al lado de la puerta. Las cosas de no habernos visto nunca. Igual esperaba a un tío feo y bajito y al verme no dio crédito a sus ojos… 🤷‍♂

Al llegar al Riad conocí a tres locas de los más divertidas que iban con Raquel a investigar un recorrido por el Atlas en busca de artesanas. Paula y Silvina dos chicas argentinas y su amiga Petra, una checa hablado un perfecto castellano con acento argentino.

Al día siguiente, muy temprano, comenzó nuestra particular aventura.

Pasamos juntos apenas 72 horas, pero me supieron a gloria bendita. Encuentros que te regala la vida que hacen que vivir sea maravilloso. Nos despedimos con miradas en las que había promesas de volvernos a encontrar.

Raquel yo continuamos camino hacia el desierto haciendo algunas paradas. Utilizamos para desplazarnos autobús y taxis compartidos en algunas ocasiones y en otras negociando el precio. Nuestra primera parada fue Ait Ben Haddou, un lugar con mucha magia y al que para llegar hay que cruzar las altas montañas de Marruecos. El destino siempre es la meta pero no tiene sentido llegar si no has disfrutado el camino. Para el disco duro de mi retina aquel largo, polvoriento y bacheado recorrido por carretera estará en la carpeta de favoritos.

Nuestra siguiente parada sería La Garganta de Todra. Como siempre digo, las ciudades están muy bien, pero el verdadero espectáculo es la Pachamama, la Madre Tierra. Mejor verlo y opinen ustedes.

Después de recorrer la Garganta y ya con el sol en el ocaso, emprendimos camino a Hassilabied. Llegamos de noche, todo oscuro y solitario. Nos esperaba la coqueta casita de adobe donde vive Raquel. Estábamos agotados pero estábamos en la mismísima puerta del desierto del Sahara y había venido a ver esas dunas unos años después.

Amanece en el Sur de Marruecos. La claridad es cegadora. Estoy nervioso. Abro la puerta de mi casita por esos días y allí, casi al alcance de la mano están las dunas naranjas del desierto. Sonrío. Estoy feliz y nervioso como un niño. Estar en movimiento a veces es duro y difícil, pero es en estos momentos cuando me digo que esta locura merece la pena.

Goooooooooo

Pd: próximo post desde el pueblo de los negros y los campamentos en el desierto. 😉

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