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Lixus.

por Sr. Pirulo

Habíamos decidido pasar una noche más en Asilah, porque queríamos conocer las ruinas romanas de Lixus.

Con unas pequeñas explicaciones del personal del hotel y un simulacro de mapa que nos dieron, montamos en la moto y partimos dirección a Larache.

Lo primero que hicimos fue buscar una gasolinera, porque en Marruecos nunca se sabe donde vas a encontrar una, y no tenían sin plomo, así que tuvimos que ir en dirección contraria para encontrar otra. ¡No pasa nada, estamos en Marruecos!

Decidimos coger por carreteras secundarias para disfrutar de la moto y del paisaje. En ningún momento sabes realmente donde estás porque las señales de tráfico escasean, por lo que aquí el instinto y la orientación son fundamentales. Conseguimos encontrar las ruinas más por suerte que por otra cosa.

Al llegar nos encontramos con tres señores sentados en piedras que nos informaron de que la entrada era gratuita y nos indicaron por donde iniciar el recorrido.

Cuando habíamos llegado a los primeros restos se nos acercó uno de ellos diciéndonos que era el guía del lugar y que si queríamos nos acompañaría. Por supuesto le pregunté que cuanto tendríamos que pagar, y para nuestra sorpresa, nos dijo que era gratis, que no tendríamos que pagar nada. ¡Que cosa más rara en este país!

Así es que disfrutamos de unas ruinas espectaculares y de un lugar cargado de historia con un guía realmente encantador, enamorado de su profesión. No obstante, él era la tercera generación de guías. Su padre nació en las mismas ruinas, en una casa de la que solo quedan escombros.

Ruinas de Lixus.

Ruinas de Lixus.

Selfie en Lixus.

Quisimos agradecer sus servicios dándole una propina. Él insistió varias veces que no teníamos que pagar nada, que no era necesario, que ese era su trabajo. Al final, aceptó y esta fue la primera y única vez que algo fue gratis en Marruecos.

Fuimos a comer al cercano Larache. Recorrimos en moto su puerto pesquero y callejeamos un poco, pero nuestro destino era una playa llamada paraíso.

Esta playa se encuentra en algún lugar entre Larache y Asilah, por supuesto no hay señales, ni indicaciones. No tuvimos más remedio que preguntar y preguntar, pero nadie sabía de la existencia de esta playa. Conseguimos llegar a una que nos indicaron, hacía tanto calor que ya nos valía cualquiera, tras unos kilómetros recorriendo un infernal carril de piedras, agujeros y mucha arena.

La playa era maravillosa, salpicada de chiringuitos y con un ambiente muy familiar. Necesitábamos aquel baño más que el aire que respirábamos.

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Luego nos enteramos, que aquella playa era la que buscábamos, pero que los americanos, en su afán de cambiarlo todo, la habían bautizado como Paradise Beach. La playa realmente es conocida como la Playa de la Cueva.

No nos dejamos engañar por el cautivador lugar, queríamos conocer la medina de Asilah al atardecer. Salir de esa playa fue volver a pasar por el infierno. No creo que mi moto, mi Mariaisabel, guarde muy buenos recuerdos de aquel carril.

Comenzaba a caer la tarde cuando salimos del hotel en busca de la medina. El caluroso día comenzaba a dar una tregua. La calles empezaban a animarse. Entramos en la medina dejándonos llevar y perder. Nos asomamos por la muralla para despedir al sol. El mar y la playa nos regalaban una bella estampa, por lo menos en la parte en la que nos se veía  ni la mierda, ni la basura.

Medina Asilah.

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Muchas tiendas de todo tipo y muchos locales donde comer entre callejuelas, pero decidimos apartarnos, una vez más, de la zona turística para cenar.

El día llegaba a su fin y aún no sabíamos a donde iríamos al día siguiente. Decidimos irnos al hotel para organizarnos un poco.

¿Rabat? ¿Casablanca? ¿Fez?

Sigo…

 

 

 

 

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