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Publicado el 8 Sep, 2015 el Viajes | 0 comentarios

Entrando en Polonia.

Las fronteras son lineas dibujadas en los mapas, sin embargo se nota mucho la diferencia cuando cambias de país sobrepasando esas líneas imaginarias.

Si tuviera que definir Polonia en una sola palabra elegiría “católicos”. Sus paisajes están salpicados por infinidad de cruces de gran tamaño, santos y vírgenes, todo adornado de flores y muy cuidado.

Nuestra ruta comienza en Berlín, centro de operaciones, para después de algo más de tres horas y unos 245 kilometros llegar a Pobierowo. Llegar de noche a un lugar desconocido siempre dificulta las cosas, por lo que el sitio donde pasar esta primera noche lo habíamos reservado unas horas antes. Antes de salir de Berlín, y lo cuento porque me hizo gracia, me llamaron de booking para decirme que en el establecimiento que habíamos reservado no hablaban ni ingles, ni español, y que si quería cancelar lo podía hacer sin coste alguno. Esto a un par de horas de partir me resultaba un contratiempo, así que le dije a la señorita que me llamó, que nosotros íbamos a dormir y no a charlar. 

Cuando llegamos a, ¿la casa de huéspedes?, nos recibió un matrimonio mayor que hizo lo imposible por comunicarse con nosotros y que nos atendieron de maravilla. Un sitio muy agradable con varias habitaciones y un frigorífico en el rellano de cada planta donde cada habitación disponía de una cestita para meter tus cosas. El uso de la cocina y del comedor era compartido, y el ambiente por la mañana fue muy agradable, pero nosotros partíamos a recorrer Polonia.

PobierowoEn algún lugar antes de Kolobrzeg.

Lo primera sería ver el mar. El Báltico es unos de los mares que he visto en mi vida donde su fuerza y sobre todo su color, más me han impresionado. Playas kilométricas de arenas finas, delante el mar y detrás una impresionante arboleda. Y sí que hay chiringuitos, fast food, atracciones de feria y tiendas de todo tipo, pero la línea de costa aquí es respetada y eso hace que el paisaje sea impresionante. Estas son zonas de turismo nacional y de alemanes, fuera de los circuitos internacionales. La sensación que tuvimos, entre la lluvia y algunos locales cerrados o desmontando por fin de temporada, es de lugares en decadencia que se empeñan en sobrevivir atrayendo a un turismo germano con un poder adquisitivo muy por encima del polaco.

Durante todo ese día recorrimos la costa desde Pobierowo hasta Tazy pasando por Kolobrzeg y llegando a Slupsk para pasar la noche, pero eso se merece otro post.

Sigo…

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