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Publicado el 10 Abr, 2015 el Mis Cuentos | 1 comentario

El lugar no importa.

El lugar no importa.

Habían sido inseparables desde el mismo momento en el que nacieron. Los dos fueron grandes amigos durante muchos años, juntos habían reído, jugado, cantado y aprendido a montar en bicicleta. Todos sabían que eran los mejores amigos de toda la granja y todos pensaban que nunca se separarían. A todos los animales de la granja contagiaban su alegría, siempre estaban haciendo bromas y jugando con todos.

Pero llegó un día en el que el pollito Pocasplumas decidió dejar la vida en aquella granja para cumplir su sueño, tener su propia granja y ser él mismo el que cuidara y alimentara a todos los animales domésticos.

Y sin pensarlo dos veces cogió un atillo y emprendió camino a ratos andando, a ratos saltando y a ratos volando. El pollito Pocasplumas estaba muy feliz y piaba y piaba sin parar, esperando encontrar el sitio perfecto para llevar a cabo su proyecto. Pasaron los días, los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, y el pollito Pocasplumas no encontraba un sito adecuado para su granja.

En su antigua granja, mientras Pocasplumas conocía mundo en busca de una tierra apropiada, la alegría había desparecido, ya nadie jugaba con nadie y nadie gastaba bromas, en lugar de todo aquello había quedado un pollito triste. Aquel pollito triste sabía que no encontraría a nadie como su amigo Pocasplumas y no entendía porque se había tenido que ir en busca de aquel sueño. ¿Pero si aquí tenía todo lo que necesitaba? Y por mas que le daba y le daba vueltas a su cabeza llena de plumas no lo lograba entender y eso hacia que fuero un pollito aun mas triste.

Claro que Pocasplumas también se acordaba y mucho de su amigo y de lo mucho que se divertían y de los felices que eran en aquella granja, e inconscientemente Pocasplumas fue emprendiendo el camino de regreso a su granja porque sabia que no existían en el mundo un pollito tan especial como su amigo el pollito triste, sin saber que este, al mismo tiempo, había decidió salir en su busca para ayudar a su amigo a hacer realidad su sueño de tener su propia granja.

Aquella era una colina no muy alta, con grandes árboles a los lados y con un manantial de ricas aguas que nacía justo en una de sus laderas. Pocasplumas piaba y piaba sentado junto a aquel arroyuelo intentando acompañar al sonido del agua al correr. El pollito triste piaba y piaba sentado bajo un gran árbol entonando, como no podía ser de otra forma, una triste melodía.

Casi sin darse cuenta el piar de uno se mezclo con el del otro y como llevados o empujados por una mano amiga ambos terminaron en lo mas alto de la colina entonando un mismo piar.

Aquel día, en el que los dos pollitos amigos se volvieron a encontrar, fue la última vez que el pollito triste derramaba una lagrima y también fue el día en el que Pocasplumas cumplía su sueño. Aquel lugar sería perfecto, y no solo por las ricas aguas o por los grandes árboles, sino porque estaba con su amigo y eso hacia que cualquier sitio fuera bueno para tener un bonita granja…

1 Comentario

  1. ¡Precioso!

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