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El Desierto

por Sr. Pirulo

Vamos al pueblo de los negros!!!

Calles de tierra, casas de adobe, niños curiosos, hornos de pan salpicando el pueblo, mujeres tapadas y discretas y una luz cegadora nos regalaban los buenos días a Raquel y a mi.

La vida parece que es más dura que en nuestros pueblos o ciudades de la vieja Europa, pero bajo mi parecer es solo que es más sencilla. Es todo más simple, menos complicado y por supuesto más natural.

Nos encaminábamos a Khamlia, el conocido pueblo de los negros. No teníamos coche y el servicio público de transportes no es un disparate. Así que fuimos en AutoStop, por rápido y práctico.

No tardamos mucho en que nos parará un 4×4 que no solo nos llevó sino que se desvió de su camino para acercarnos un poco más. En dos paradas o dos coches o dos sacadas de dedo, llegamos a Khamlia. Gente encantadora, divertida y muy servicial. ¡Me encanta Marruecos!

Era Viernes y es el día de descanso del musulman. Es cuando se congregan para la oración y cierran la mayoría de los negocios. Las calles de Khamlia, por supuesto, estaban desiertas. Todos estaban en la mezquita, de la que oímos la «llamada», mientras tomábamos un té en un taller-restaurante de pintura muy interesante de una chica francesa llamada Johana y su marido Lahcen. Un lugar para visitar y ver pinturas que reflejan perfectamente el lugar en el que te encuentras.

Continuamos camino y tras escuchar su música en directo y para turistas, que todo hay que contarlo, sabéis que me gusta ser honrado con lo que vivo y con lo que siento, nos dirigimos al Restaurante Nora donde la gente es increíble y la pizza beréber un disparate para los sentidos.

Mi segundo día en Hassilabied lo dedicamos a gestionar la noche que pasaríamos en el desierto en un campamento en medio de las dunas. Yo monté a dromedario y Raquel, romántica empedernida y enamorada de esas arenas naranjas, decidió caminar. Yo lo haría a la vuelta porque no me quiero perder ninguna experiencia. 😉

Quizás en este video os deje las imágenes más espectaculares de todo este viaje por Marruecos. No lo veas si no estáis preparados para emocionaros. Yo no lo voy a olvidar en mi vida. Lo que mis ojos vieron, lo que mi corazón sintió durante todo aquel viaje para culminar caminando por aquellas dunas no lo voy a olvidar nunca. Ese sentimiento en ese momento de mi vida me acompañaran para siempre.

Se estaba acabando esta incursión por este hermoso país de gente encantadora. Todo había sido muy intenso. Mi relación con Raquel había sido muy especial en todos los aspectos. Lo habíamos compartido todo y eso hace que las personas se unan. Gracias Raquelita.

Pero no me quería ir del desierto sin visitar uno de sus oasis y este es el que teníamos al lado de casa, en Hassilabied. Parece algo increíble que en medio de tanta arena y tanta duna pueda existir un vergel como este. Las cosas de la madre naturaleza, las cosas de la Pachamama.

La historia de Merzouga bonita, eh?

Tenía que volver porque mi viaje continuaba por España. Había dejado mi moto en Granoller, tenia un viaje pendiente en autocaravana por Girona, me esperaban los carnavales de Bielsa y mi querido Pais Vasco. Pero eso es otra historia.

Gente del Mundo. Me encanta ser vuestros ojos y contaros mis aventuras.

Siempre, siempre Goooooooooo

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