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Arriba las manos, esto es Puerto Madryn.

por Sr. Pirulo

Solo dos días y hay que aprovecharlos. El sitio nos ilusionó desde que el nombre de Puerto Madryn se cruzó en nuestro viaje. Queríamos ver ballenas, pigüinos, lobos marinos y toda la naturaleza en estado salvaje que pudiéramos.

Llegamos a la terminal de autobuses a las 7:30 horas y como no queríamos perder el día, habíamos gestionado con el hotel una excursión a Punta Tombo por unos 80 € que salia a las 8:00 horas. El primer atraco fue  por llevarnos a una colonia de pingüinos con un guía pedante, donde para entrar tuvimos que volver a pagar otros 18 €.

Allí estuvimos unas dos horas para luego dirigirnos a una localidad llamada Gaiman, una colonia galesa donde no hay nada de interés a no ser que el haberla visitado Lady Di sea motivo suficiente para incluirla en el recorrido de un tour. Bajo mi punto de vista, esta parada el único sentido que tuvo fue, a parte de enfadarnos a todos, rellenar una hora de excursión.

Al llegar al hostel El Retorno, de lo peorcito en alojamiento en estos cuatro meses, preguntamos a otros viajeros por la experiencia ballenistica en la Peninsula de Valdes. Todos coincidían en que no merecía la pena, que era un timo pagar cerca de 230 € por ver pocas ballenas y de lejos, porque la temporada ya había pasado. Decidido, las  ballenas las veríamos en National Geography. Estos son lugares que pretenden exprimir al turista pagando grandes cantidades por algo que no lo vale. El problema es que opciones existen para abaratar estas excursiones, pero las aprendes cuando ya te vas. Ni tan siquiera en las puntos de información turística te dan otras opciones y se limitan a indicarte donde están las agencias para contratar tours.

El día siguiente se levanto ventoso, pero teníamos ganas de aventura. Decidimos alquilar unas bicis y recorrer los 17 kilómetros que hay hasta Punta Loma, donde podríamos ver lobos marinos. Por supuesto pagando una entrada en la zona reservada.

Resulto un día muy divertido, barato y lleno de experiencias bonitas. Pero todo tiene un precio, y llegamos después de 34 kilómetros con viento de cara y mucho ripio para comprarnos un trasero nuevo.

Adios Puerto Madryn, ahí te quedas, solo me atracaste un día.

Me quedo de visitarte con la fauna, pero con solo la animal, la otra debería empatizar más con el viajero y pensar en el futuro.

Sigo…

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